Piñango es un pueblo pequeño y muy tranquilo, ideal para apartarse del ajetreado mundo moderno. Su iglesia es de buen tamaño y muy bien conservada, dedicada a Santa Lucía. Su interior es muy acogedor, de estilo rústico.
La Plaza Bolívar tiene el tamaño adecuado para el pueblo, aunque la placa en el busto del Libertador dice "1953", se ve que la plaza es de reciente remodelación.
Lo que más me gustó de Piñango fueron sus casas blancas, con techos de teja y grandes ventanales a lo largo de las estrechas callecitas. Sus bodeguitas, con productos tradicionales, no dejan de recordarnos que por aquí el tiempo lleva un ritmo más calmado.
En sí, hay poco que decir, todo el día ha hecho un frío bestial y sabemos que este no es más que el principio ya que nos quedan por trabajar los pueblos de alta montaña.
Mañana tendremos el privilegio de conocer el Pico El Águila. Dios quiera que no falle nada y que la poquísima conexión a Internet que tenemos desde Piñango, no vaya a fallar.
es muy bonito