No hace más de quince años Barinas era una ciudad de proyección pero sin mucha planificación, situación que la hacía ver como un entorno rural más de los llanos venezolanos; sin embargo, hoy por hoy Barinas ha sabido gestionar no solo los recursos que quedan por la explotación petrolera que hay en este estado, también hay que destacar los enormes aportes económicos que genera el sector agropecuario en la capital de este estado y que posteriormente se proyectan en obras de interés sociales mucho más concretas.
Como lo dije anteriormente, Barinas no ha dejado de ser un importante emporio agrícola, sin embargo, en la actualidad se está conjugando muy bien los sectores primarios de la economía con el posicionamiento de entidades proveedoras de servicios lo que sin dudas nos hace prever que Barinas será en un corto lapso de tiempo una urbe moderna.
Lo campos que rodean la ciudad, viniendo desde Torunos, cada vez se muestran más vivos; la tecnificación y el empleo correcto de técnicas de reproducción y fertilización agropecuaria, con tecnología de vanguardia, han hecho que los límites de pérdidas que antes se veían, prácticamente desciendan a cero.
Es llamativo ver ahora importantes plantas de productos lacteos, lo que es un claro indicio de una inversión de dinero y administración de fundos mucho más organizada y transparente.
Lo que sí nos jugó una mala pasada fue la lluvia. Una tormenta eléctrica impresionante trajo la noche a las cuatro de la tarde. Las tierras bajas se inundaron en cuestión de minutos; esto nos obligó a ir hacia la ciudad y una vez allí empecé a confirmar mis impresiones ya descritas.
Sus avenidas son aseadas y sus calles correctamente demarcadas lo que hace que el tráfico automotor sea expreso y no generador de ruidos molestos.
Fueron dos días los que pasamos en la Ciudad Marquesa, pero dejaron honda huella los valores culturales que se manifiestan en el Museo Alberto Arvelo Torrealba, el casco histórico se engalana con el Palacio del Marqués y sus plazas, hacen que el idilio y los recuerdos de esa venezolaneidad escondida en nosotros salgan a flote.
Mención aparte merecen la aparición de los nuevos centros comerciales en la ciudad, estos no tienen nada que envidiarle a los de ciudades más grandes e incentivan a que el flujo mercantil sea más seguro.
Otro aspecto llamativo es la ciudadela universitaria erigida por la Universidad Santa María; sus instalaciones fueron fundadas casi en los márgenes de la ciudad pero ofrecen una imponencia inesperada para el concepto que se tenía de los llanos.
La entrada a Barinas desde la carretera nacional que la comunica con San Cristóbal nos deja ver el monumento al Cuatro y al Llanero, erigidos en toda la redoma del Obelisco.
Nos despedimos de esta ciudad muy agradecidos y felices. Ojalá y siga así la gestión gubernamental y de repente nos den la alegría, en un futuro no muy distante, de ver otra gran ciudad en el occidente venezolano.